sábado, 27 de marzo de 2010

7. Hablar para seducir.

Desde la Grecia clásica se estudio el poder seductor de la palabra; la posibilidad de influir en el ánimo de los demás mediante la retorica. Pero históricamente, el término “seducción” se ha asimilado mas al “arte del engaño”, de hecho, esta es la definición que recoge el diccionario de 1739: “Engañar con arte y maña. Persuadir suavemente al mar”. En la actualidad otra definición seria que considera la seducción como la posibilidad de ejercer una “influencia irresistible en el ánimo del otro” Grijelmo (2000) afirma”la seducción de las palabras parte de un intelectico, pero no se dirige a la zona racional de quien recibe el enunciado, sino a sus emociones.
Un discurso seduce en primer lugar el sonido de las las palabras que ira unida al tono y al timbre de voz, al ritmo, la cadencia. El sonido impregna la percepción y la comprensión de lo que se está oyendo.

Una seducción consiste.

El emisor es consciente del poder de sus palabras, quien pretende seducir debe de conocer al otro, comprender sus intensiones y los resortes que le pueden influir en su ánimo, ejercer un cierto perspectivismo empático.
Enseñar el poder de las palabras, reflexionar con las connotaciones de cada término y cuando forman un mensaje proyecta una información. Cuando se planifica una exposición oral de un texto escrito o se analizado a un mensaje recibido, uno de los aspectos sobre los que se puede incidir es que se refiere al carácter connotativo de dicho mensaje.

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